Retroceder.

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Definitivamente el tiempo siempre te enseña lo que has dejado atrás. De tal modo que, a veces un simple anhelo, recuerdo, nos produce tal tristeza que nos hace retroceder al lugar donde las cosas cambiaron. Uno no puede si el otro no quiere y viceversa. Hay cosas que ni la distancia ni el tiempo borran, y es eso exactamente lo que nos mueve  para mejorarlo o empeorarlo. Algo indiscutible es que las cosas cambian. Ves unas caras largas y tristes que anteriormente estaban alegres. Son situaciones momentos inoportunos que odiamos, pero siempre hay algo que se puede cambiar, no importa el tiempo en el que tardes en verlo. Quién sabe si tal y como pueden estropearse las cosas pueden arreglarse. 

Sabios que dicen: “más vale tarde que nunca”.



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Soy diferente.

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Lo soy. Y no me entristece, me enorguyece. Porque sé que ser diferente es una virtud. Hay pocas personas diferentes al resto. Lo sabemos. Somos diferentes ante la indiferencia de los demás.


Y yo sigo en busca de "LOS DIFERENTES" ...

 


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"Ella era mi mejor amiga, ella es".

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Todo me recuerda a ti. ¿Por qué? Una amistad, nuestra amistad. Mi mejor amiga. ¿Dónde estás? Hoy te echo más de menos que nunca. Aquella persona que me apoyaba, me animaba, se fue. Se fue sin quererlo. Maldito destino. Aún recuerdo aquel día que desperté, un día bonito pensé, cuanto de equivocada estaba… Aquella llamada, los sollozos de una madre, la presencia de frío, dolor, tristeza, impotencia. Conduje en moto, tan rápido y veloz cuanto pude. Imágenes, momentos, una canción sonaba en mi mente, nuestra canción. Sentí como nunca que le quería. Llegué al hospital. Mis ojos no querían ver, mis oídos no escuchar, mi mente no entender, mi corazón no latir, hablar no podía, un nudo en la garganta, esas ganas sin fuerzas… Un abrazo demasiado largo. “Un coche se saltó el stop, no han podido hacer nada”. Aquellas palabras me atravesaban, parecía que iba a desvanecerme. No han podido hacer nada, no han podido hacer nada, no han podido hacer nada. No, no, no. Por favor, díganme que estoy soñando. Mi amiga; fuerte, luchadora, feliz.

Pasé días, semanas, meses, sin querer seguir adelante. Cuántos planes, cuántos sueños desvanecidos sobre el asfalto. Me duele mucho. Me acuerdo de mis amigas, que me llamaban cada día. Mi móvil sonaba y sonaba. No era ella y yo no tenía ganas de escuchar a nadie más. Mensajes de textos, correos electrónicos. Planes. Mis amigas querían despejarse, rehacer sus vidas. Mensajes sin contestar. Me decían que tenía que seguir adelante. Y yo no podía. Incluso me quisieron llevar al psicólogo.

Hoy siento que es un día distinto, ha pasado ya un año y medio. Dejé de salir con las amigas que tenía en ese momento. E incluso ellas se distanciaron. Todo nos recordaba a ella. Es navidad. Necesito un abrazo como aquellos que me daba ella. Partí a casa de una amiga, mi visita fue demasiado inesperada. Sólo sé que nos abrazamos y lloramos juntas durante horas. Recordamos los momentos vividos con nuestra mejor amiga. Sentimos como estaba con nosotras, la revivimos en nuestra mente. Las dos la necesitábamos con nosotras.
Gracias. Muchas gracias. Querida mejor amiga, gracias. Por haber compartido tu vida con nosotras, por habernos querido y haberte dejado querer. Puede que no estés viva, pero siempre vivirás conmigo. Y si es verdad que las personas viven  siempre y cuando le recuerden, tú vivirás hasta el resto de mis días.




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Un futuro perfectamente imperfecto.

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Aún recuerdo esa noche estrellada, tumbada sobre la arena, observando el cielo. Aquella estrella fugaz, mi sueño, mi deseo. Ser inmortal. Quería tenerlo todo y es que para mí lo más valioso era el tiempo. Pensaba que en un futuro, todo sería perfecto, que conseguiríamos rectificar, odiaba todo cuanto construían. Vivía en un eterno descontento con el mundo en el que vivía. Y mira ahora, han pasado unos 100 años y ahora deseo volver al pasado. Ya no existen las estrellas fugaces, ¿quién dijo que el futuro sería perfecto? Perdimos el tiempo fantaseando que todo sería genial.
Querido ciberdiario: Hoy he despertado y he notado una vez más esa sensación de ahogo, tristeza y soledad.  Tengo todo, todo lo que ya no quiero. Las televisiones tienen el grosor de un póster. Ya no hay apenas árboles, por tanto no usamos papel. El periódico ocupa algo parecido a un folio, ahora sí, compuesto de numerosas páginas. Es el llamado periódico táctil. Los móviles ya no envían mensajes de textos sino videomensajes. En el cielo ya no vemos pájaros felices revolotear. Ahora sólo vemos coches voladores, y mucho humo. Vivo en la planta número 327. Las persianas las puedo subir con un mando, al igual que puedo encender, apagar o atenuar las luces, conectar la alarma, hacerme la comida, limpiar mi solar… Si quiero, no me tengo ni que mover. Ahora tengo un perro robot que sólo mueve el rabo, te sigue y ladra cuando llaman a la puerta. Se carga de forma solar, por tanto no come ni hace sus necesidades, todo un ahorro y comodidad. Respecto a la política aquí cada uno hace ya lo que quiere, ya que no nos podemos controlar los unos a los otros. La iglesia se tuvo que tragar todo el royo sobre el apocalipsis, pienso que habría sido mejor que hubiesen acertado. Al menos conseguimos algo, y es la cura a toda enfermedad posible, crean, fabrican cualquier tipo de órgano. Por tanto, la esperanza de vida ahora ronda los 120 años. No puedo alegrarme, porque al vivir más empeoramos aún más el mundo. El calentamiento global hace que no soportemos estar mucho tiempo al aire libre. Por ello, no existen ya los polos, y el aumento del nivel del agua hizo desaparecer todas las islas e incluso algunos países. No sé cuál es el lugar más bonito hoy en día. Recuerdo mi niñez, los paseos por la playa, los primeros días de primavera en que mis amigos y yo buscábamos un rincón soleado para entrar en calor, como jugaba con mi perro en el jardín, las rosas que le regalábamos a mi madre por sus cumpleaños, el aire fresco y puro… No comprendo aún como pueden seguir peleándose por propiedades, dinero. ¿Por qué somos tan insensibles y avariciosos? Destruyen todo lo natural que nos rodea, para construir según sus beneficios.
Ahora siento impotencia, impotencia al saber que pudimos remediarlo. Pero también es mi culpa. ¿A quién le puede gustar como está el mundo ahora? No supimos valorar tantísimas cosas buenas que teníamos… Pienso que el Ser Humano ha sido el animal capaz de destruir el mundo con sus propias manos, fuimos peor que un niño chico, al que no pudieron dejarlo solo. Me tengo tanto odio por ser humano…

Bienvenidos al siglo XXII, un mundo perfectamente superficial.




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