Una navidad distinta...


Yo también perdí a mi abuelo/a en Navidades.

Diciembre, Navidad, Año nuevo. Familia. Mi familia. ¿Cuántos años han pasado sin cambiar las costumbres? Cada familia un hábito, cada familia un deseo. Un brindis. ¿Qué mejor deseo que volver a poder estar juntos una navidad más?

Es increíble cuántos abuelitos marchan casi sin despedirse en estas fechas. Lo hecho hecho está.  Se van sin previo aviso o tras una dura lucha. Pero el resultado es siempre el mismo. Ya no están. Solo nos dejan los recuerdos, vivencias, su vida, su día a día. Mi abuelo solía hacer esto y aquello, mi abuela siempre hablaba de forma que…

Abuelos luchadores, abuelos flojos, abuelos tranquilos, abuelos activos, abuelos refunfuñones, abuelos alegres, abuelos quejicas, abuelos buenos, abuelos raros, abuelos graciosos, abuelos maniáticos, abuelos trabajadores, abuelos entregados, abuelos camperos, abuelos marineros, abuelos queridos, abuelos adorados, abuelos enfermos, abuelos fuertes, abuelos hoy ángeles, abuelos… nuestros abuelos.
No importa si fue tu tía, tu madre, tu pareja, tu hermana, tu abuela… el caso es que hoy no está y sientes un anhelo, un hueco en el pecho imposible de llenar, porque esa persona era quien lo llenaba. El tiempo te enseña a acostumbrarte por fuerzas que esa persona ya no está y que no puedes hacer nada, que solo te queda el recuerdo. Esa persona que tanto querías, siempre será inolvidable e irremplazable.
Hoy es el día de Reyes, 6 de enero. Una abuela, una madre que marchó hace apenas 6 días está pendiente desde el cielo, viendo como abren sus seres queridos aquellos regalos que con cariño quiso hacer llegar. ¿Qué decir cuando ya no queda nada que decir? ¿Cómo agradecer? Que difícil. Un suspiro. No hay sensación más extraña, triste, conmovida que abrir un regalo de alguien que ya no está. Con la cabeza mirando hacia el cielo hoy te grito gracias, no por el simple hecho de un regalo, sino por haber hecho tan feliz a esas personas que te rodeaban.



(*) A mi abuela Juana que la vida no me dio la oportunidad de conocerla como hubiese querido. A mi querida abuela Josefa, la cual anhelo con nostalgia no tenerla junto a mí. Y a Rafaela, una mujer campera de sangre, entregada en cuerpo y alma a sus hijos que tanto quería. Estas tres personas no terminaron las navidades como muchos hubiésemos querido, pero así ocurrió. Desde allí arriba saben cuánto les queremos y añoramos. Y sinceramente espero, que el día que me toque poder reencontrarme con ellas.





(*) Publicación con retraso.

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