Por idiota.



Es increíble cómo pasó el tiempo, los días, las semanas, los meses, otro año más y yo seguí como siempre, indecisa, había cambiado tantas veces de opinión que ya no sabía que era lo correcto. Pienso en mi madre, que me decía que me había vuelto loca, no quería que me fuera lejos, y menos aún con él. Y luego esa amiga, mi amiga, aquella que me decía que no me preocupara, que todo saldría bien, que solo era un viaje, que nadie me cuidaría más que él, mi novio, mi amor. Y de nuevo mi madre, sangre de su sangre, triste, preocupada. Las madres son unas paranoicas decía mi amiga. Y claro, era verdad, ¿cuántas veces hizo mi madre un mundo de una tontería?.

- Hija, quiero lo mejor para ti, pero algo me inquieta.
- Mamá otra vez con lo mismo, que no va a pasar nada, si en tus tiempos no ibas a ningún lado no es mi problema.
- No es eso, es por él. 
- ¿Tú nunca te has equivocado o qué?, ya lo arreglamos, le quiero, nos queremos.
- Hemos hablado muchas veces de ello, no voy a decirte más nada, haz como quieras, pero acuérdate que te quiero. 
- Vale.

Y ese salón frío, mi madre pegada a la estufa, aun llevando encima una bata y una manta, frío, frío, tan frío que era helado, sentía un nudo en la garganta, y después esa lágrima mojada, que resbalaba lentamente por su mejilla, y quemaba. Se hizo mayor. Mi hija. ¡Dios mío, cuídamela!

Hoy tengo algo claro, me engañó y estoy aquí sola, sin escapatoria, perdida de los demás, sé dónde estoy, pero no hubo nadie listo aún para encontrarme. Recuerdo cuántas veces intenté escapar, pero siempre ocurría, golpes, dolía tanto que no dolía. No entiendo qué más quieren de mí, ya me han quitado quién sabe cuál órgano, me encuentro débil, no me dejan morir, pero tampoco huir. Aquí hay muchas habitaciones, siento los sollozos de muchas chicas, pobres, tranquilas alguien tendrá que venir a por nosotras. ¿Cómo y dónde estará mi madre ahora?. ¡¿Por qué?! . Adriana, aquella que sabe dónde podría buscarme, mi amiga, a quien aún espero, pide rescate por mí. Tengo miedo.


 Han pasado tres días, ya lo sé todo. Quiero ir a casa, quiero estar con mi mamá, quiero que me arrope, que me de calor. Estoy temblando, tengo los labios quemados, mis ojos están tan cansados que me escuecen. Y siento mi cara dura, de tantas lágrimas secas. Mi amiga, aquella que me aconsejaba, que tanto creía que me quería, está aquí, y no exactamente para buscarme. Estaba aliada a ellos, dinero, dinero y más dinero. Avariciosos. ¿Por qué tú amiga?. Ya entiendo, tanto consejo, sobre que no iba a pasar nada, mentirosa. ¿Qué peligro iba a haber?. Claro, lo habías planeado todo con él, y no sé cuantos más que hay fuera.


Oscuridad, y otra ráfaga de viento golpea fuertemente la chapa del techo. Frío. Escucho como graniza, y esos hielos que caen sobre nosotros, al fin y al cabo, tenemos suerte de tener techo. Y llueve, el cielo está mosqueado. Y encima yo no puedo sentir odio. Sólo quiero tranquilidad, que me den amor y calor. Y de repente, golpes; no, no es el viento. Algo ocurre ahí fuera, jaleo, mucho jaleo. Unos hombres gritan en quién sabe qué idioma, no sé si son ecuatorianos, rusos o japoneses. Nunca me interesé por otro idioma que no fuera inglés, venga hablar inglés, venga, ¿y para qué?, ni que me fuera a servir saber lo que dicen. Un ruido seco, veloz, fuerte, un tiro. ¡Oh, no!, creo que han matado a alguien. De pronto escucho una sirena, policías. ¡Aquí, por favor, ayúdenme!, grito con todas mis fuerzas, lloro. No quiero estar aquí más tiempo. Fuerzan mi puerta, le pegan como patadas, y de repente, se abre, el pomo golpea contra la pared. Son ellos, sólo veo chalecos reflectantes, luces. Me llevan en una camilla, estoy al fin tranquila. Cierro los ojos. Ya nada me duele, no tengo frío, siento paz. Gracias, gracias, gracias. ¿Cómo puedo agradecerles esto?.  

Estoy en el hospital, mareada. Una habitación blanca, limpia, amplia. Mi madre que me agarra la mano, está llorando. Me siento feliz, mi madre está aquí. Le miro y sonrío. Pero algo no está bien. Punzada. Estremezco en la cama, ¡Ah!. Duele, como nunca había dolido. Débil, débil, débil. Pero mucha paz. Puede que me hayan quitado la vida. Te quiero mamá.











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